jueves, 22 de junio de 2017

Queréis atar a una poeta y no sabeis que con las manos atadas a la espalda patea el orgullo a esa gente que le odia. Le muerde la vida al Dios que esa noche está en su cama. Arranca con fuerza el tuétano de sus propios miedos.
Peca sin escribir.
Perfila con humo de cigarro el sexo más sucio.
Se deleita con tu respiración en su nuca. Con el beso oculto. Tu mirada fría. Nuestra luna menguante.
Y bebe. Hasta emborracharse del hueco de tus pesadillas. Y se relame los labios de tu semen caliente.
Una poeta atada mastica esa ingratitud que le regalan día a día y escupe con sonrisas en vuestra deliciosa y estudiada hipocresía.

Sólo tiene la boca llena de dudas del corazón.
No retengáis a una poeta. No la atéis a nada.